Los días más fríos del invierno

Los días más fríos del invierno

A tres días de recibir la primavera, el invierno nos dio lo último de sí: John Galliano tendrá una colaboración con Zara durante dos años. Lo que para muchos es la democratización del genio, para otros es la confirmación de una tendencia peligrosa: el uso del "archivo" y el "diseño de autor" como un lavado de cara para el fast fashion.

Bajo el concepto de "reautoría", Galliano intervendrá piezas de temporadas pasadas de la cadena española. La narrativa oficial nos habla de sostenibilidad y de dar nueva vida a lo existente, pero la pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo seguiremos justificando la calidad pésima bajo el disfraz del concepto?

Elevar una prenda de poliéster mediante el patronaje de un genio no elimina el hecho de que esa pieza fue fabricada bajo una lógica de explotación. En los últimos cinco años, mientras el marketing de estas grandes cadenas se tiñe de verde, las cifras cuentan otra historia. Zara sigue lanzando entre 12,000 y 20,000 diseños nuevos al año, un volumen que devora recursos: se necesitan unos 2,700 litros de agua para una sola prenda de algodón convencional, y el poliéster virgen —que predomina en estas colecciones— genera hasta tres veces más gases de efecto invernadero que las fibras naturales.

Aquí radica la verdadera preocupación: que el "buen diseño" se convierta en una licencia para seguir contaminando. Al aplaudir estas alianzas, aceptamos que la estética es un salvoconducto para la obsolescencia. Existe una diferencia ética y técnica abismal entre la "reautoría" de un excedente de inventario y el Archivo Real.

Mientras el fast fashion intenta convencernos de que el problema era que la ropa no tenía "el toque de un genio", la curaduría de piezas de décadas pasadas —como las de Tom Ford, Karl Lagerfeld o Miuccia Prada— demuestra que el verdadero lujo es la durabilidad. Una prenda de archivo no necesita ser "reintervenida" porque su construcción, su fibra natural y su historia ya la hacen eterna.

¿Es realmente un avance que la alta moda sea accesible si el costo real lo siguen pagando el planeta y los trabajadores en desarrollo? La estética nunca debería ser un salvoconducto para la falta de ética. Al final, el diseño no debería servir para rescatar ropa destinada al vertedero, sino para crear piezas que nunca tengan que llegar ahí.

 

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